martes, 6 de septiembre de 2016

De Mudanza




   Se supone que el verano es un buen momento para relajarse después de todo un año de clases, un buen momento para ir a la playa y descansar pero a nadie se le ocurre organizar una mudanza.

A Lars se le ocurrió que sería una buena idea buscar una casita con jardín, aunque fuese pequeñito y yo no sé en qué hora accedí a su deseo. Pues ahí estamos entre cajas y más cajas . El curso va a empezar y yo con este desorden no sé donde están mis lanas, las telas, los lápices. Y Lars tan tranquilo diciéndome  que tengo que vivir la ley del mínimo esfuerzo, me dice que la inteligencia del universo funciona con una facilidad libre de esfuerzos...con despreocupación, con armonía y con amor. Y si poseemos estas fuerzas pues creamos el éxito, la buena fortuna. Yo me le quedo mirando y no doy crédito a sus palabras, con el lío donde me he metido me habla de armonía y despreocupación.
El me habla de la ley del desapego, en el desapego se encuentra la sabiduría de la incertidumbre. Me dice que lo desconocido es el campo de todas las posibilidades. Yo no sé que mosca le ha picado pero dice unas cosas rarísimas, ah!eso sí . él está tan tranquilo y yo de los nervios.






Aunque estemos de vacaciones la Universidad de la vida nunca cierra sus aulas y haga frío o calor nos enseña lecciones importantes para toda la vida. Y Lars me las repite por si se me olvidan. De las últimas cosas raras que me dice me ha llamado la atención lo que me contó sobre la ley del desapego. Me dijo que para adquirir cualquier cosa es preciso renunciar al apego a esa misma cosa, no abandonamos el deseo sino el apego al resultado. Me dice que el desapego se basa en la fe sin reparos, la fe, esa fuerza de sentir lo que no ves.

Cuando me fuí a la cama me encontré una notita de Lars encima de la almohada que decía: " Puedes estar segura de que cuando el tiempo sea adecuado, tus deseos se manifestarán". Y entonces sentí y ví.



La casa de mis sueños



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